Política indolente; indolentes políticos

 

Política indolente; indolentes políticos

“Cuando no hay adversarios no existe la competencia, pero aumenta la ineptitud y la indolencia”. (José Luis Rodríguez Jiménez)

Condenarro

Finalmente mi es-timado conciudadano lector y elector contribuyente a éste espacio de expresión, las “campañas políticas terminaron”, entre comillas porque siempre creemos que así es, pero la realidad nos dice lo contrario. Para el momento en que la revista esté circulando ya sabremos quien ganó la votación, quienes estarán impugnando y la realidad que es lo que se está negociando al interior del sector público –independientmenete de los resultados-, eso si es muy privado. La indolencia de la política.

Vamos por partes y definamos “indolencia”, pues el diccionario de la real academia española de la lengua (DRAE), tiene varias acepciones de indolente, pues señala la indolencia como una cualidad de tal, y que define: (Del lat. indŏlens, -entis, insensible) Que no se afecta o conmueve; flojo (‖ perezoso); Insensible, que no siente el dolor. El Diccionario del español de México lo confirma: Cualidad de indolente; actitud de quien es apático, flojo, dejado y despreocupado: “Es constante la lucha contra la indolencia y el burocratismo que tienden a entorpecer las relaciones humanas”.

Se dice que la indolencia suele ser la causa o compañera de las personas que no son conscientes y no obran apropiadamente. Es inseparable de personas corruptas, de ladrones y de criminales. Algo así como que no tienen escrúpulos. ¿Cree mi es-timado lector elector que el título elegido es ad hoc a lo que vivimos actualmente? No sólo en BCS, sino en México. Somos una federación democrática, no tiene porqué ser diferente en alguna parte de la geografía nacional.

De acuerdo a la mitología griega Ergía era hija de Éter y la Tierra. Personificaba la pereza y la indolencia, y habitaba, junto a la quietud y el silencio, en la cueva donde dormitaba Hipnos (el sueño). Su equivalente romana sería Socordia, y su opuesto, Hormes, el esfuerzo. Según Jean François Michel Nöel, Ergía fue transformada en tortuga por permitir los elogios que le propinó Hefestos. Se le representaba con rostro somnoliento, una capa de telarañas y junto a ruecas rotas, símbolo de su aversión por el trabajo.

Regresemos a lo que nos ocupa, perocupa y, podría decirlo, nos amedrenta.  Sabemos de la indolencia, la vemos diariamente en las noticias, en las caras inexpresivas de los transeuntes, en las acciones y reacciones de la burocracia y la rutina diaria. La sufrimos en los spots, discursos, fotografías, carteles que, sin cesar, no obstante exista veda electoral, nos imponen todos y cada uno de los partidos políticos, sin mencionar la cruda guerra “redesocialera” que se agudizó a partir de abril pasado. De ninguna manera se aprecia la preocupación, la solidaridad de quienes derrochan no solo dinero público, sino tiempo-hombre que bien pudiese optimizarse en bienestar social, no en lastimar a la ciudadanía con acusaciones sobre los “culpables” de su padecer ciudadano y/o personal, económico y/o de salud, de sistemas educativos, de servicios públicos. La indolencia que exaltan quienes se dicen preocupados por sus conciudadanos y quieren gobernar y legislar a su favor. Indolentes nosotros que no apreciamos ni percibimos su “sufrir parejo”.

Lo cierto es que sí, somos indolentes, pero no ante los pobres candidatos que tanto se han esforzado los últimos dos meses, sino ante nosotros mismos. En el sitio  proyectopv.org, se definen la “Indolencia social”: La indolencia social se presenta en algunas comunidades producto de un fatalismo provocado por la desesperanza y por no poder cambiar el trágico entorno donde habitan, ni poder “salir de abajo” aunque se hagan esfuerzos notables en el trabajo. La obligada resignación y una aceptación forzada de la dura realidad, produciría en algunos la indolencia y una actitud de poca o ninguna solidaridad. En este caso, nos referimos a la indolencia social que encontramos en ciertos niveles desposeídos de la sociedad”. No estamos tan alejados ¿verdad? Al menos no lo estábamos al momento de escribir el presente, espero que nos hayamos alejado un poco, como me gustaría, ahorita, 3 de junio, que se alejara Doña Blanca y su jicotillo.

No seamos insolentes con nosotros mismos. Mostrémonos algo de respeto; actuemos para mitigar ese dolor que ya es ineherente a nuestra cotidianeidad, tanto que nos convierte en indolentes, hasta por solidaridad creo yo… y eso no nació con CSG, que conste, sino “desdendenantes”, antes del arriba y adelante y de que ni nos beneficia ni nos perjudica sino que todo lo contrario, porque la corrupción somos todos con todo y renovación moral y subsecuentes slogans indolentes, insolentes e insolventes. Es un padecimiento crónico de nuestro sistema “democrático”, no digo que sea el único, tan sólo en su tipo y ejercicio. Pero en fin, mi es-timado lector elector conciudadano, en tanto vemos como sumarnos a una causa común en beneficio de todos, yo me reitero como un simple, ordinario y doliente pobre loco peligroso irreverente, irrelevante, irremediable pero irresistible y real prófugo de la injusticia que la política indolente convierte en insolente e insolvente moral al político mexicano promedio.

“No confundas la paciencia, coraje de la virtud, con la estúpida indolencia del que se da por vencido”. (Mariano Aguiló)

 

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